jueves, 1 de julio de 2010

Ma biciclette

En la banda sonora de la peli "Juntos nada más", que es una versión de una novela de Ana Gavalda, incluyen una canción de Yves Montand, que parece compuesta expresamente para la escena a la que acompaña.

http://www.goear.com/listen/07be6b1/a-biciclette-yves-montand

"À biciclette", pero para mí siempre será "Paulette et sa biciclette".

Paulette es uno de los personajes más entrañables que ha parido la ficción. No puedo hablar de la versión novelada, a la que aún no he acudido; pero en la peli, la vieja Paulette es pura ternura y fragilidad, de ésa que te resquebraja el alma a golpe de compasión, identificación, ilusión, y sobre todo, un preciosismo melancólico hiperbalsámico y expansivo.

La Paulette de Yves Montand es una jovenzuela que trae locos a todos sus amigos de la cuadri del verano; van al río en bicicleta, y se embriagan con la magia del crepúsculo. Pura energía y jovialidad. Y sin embargo, es también el espíritu cristalino de la Paulette anciana de Gavalda, de ese corazón rabioso del que también están enamorados el resto de personajes de la historia, el núcleo en torno al que gravitan y que les mantiene "juntos, nada más".

"Quand on partait de bon matin
Quand on partait sur les chemins
A bicyclette
Nous étions quelques bons copains
Y avait Fernand y avait Firmin
Y avait Francis et Sébastien
Et puis Paulette

On était tous amoureux d'elle
On se sentait pousser des ailes
A bicyclette
Sur les petits chemins de terre
On a souvent vécu l'enfer
Pour ne pas mettre pied à terre
Devant Paulette..."

La bicicleta, como tal, no es un objeto que tenga un papel en la historia. Pero su esencia sí la impregna. La bicicleta es placidez contra las caricias de la brisa, es deslizarse con languidez a través de las horas del día, desgranar sin prisa los momentos más fugaces; es, en definitiva, una fuerza placentera intensa y tranquila a la vez.



Como el placer de saberse acompañado en nuestro trayecto vital, ese placer simple y redondo del que nos habla Gavalda.

martes, 25 de mayo de 2010

"Déjame entrar" de John Ajvide Lindqvist

Se extiende con el estrépito de sus cristales chasqueantes la escarcha de la literatura nórdica, tan gélida y tan inquietante ella...

Esta novela no es precisamente un fenómeno reciente, pero la saco del congelador y la dispongo para su disfrute principalmente porque la acabo de leer.


Qué de cosas me han gustado de ella:


  • La historia que cuenta...
Una historia de vampiros, es más, de romance y de vampiros, que no trata realmente de eso sino de la soledad, las bajezas humanas, el frío del alma, y el incalculable poder del amor para barrer todo eso. Y esto contado desde una óptica muy próxima a la novela policiaca, prescindiendo del aspecto sobrenatural que es en realidad el origen de la trama.


  • Los personajes que la habitan...
Oskar es un chaval lleno de sufrimiento y de odio, pero también con gran capacidad para la ternura, el amor, y la superación personal. Un personaje con muchos contrastes, y para el que se dibuja una sutileza muy atractiva en su manera de sentir y pensar. Un gran personaje, en definitiva, de los que más me aportan.

Eli es el eje de la historia, el misterio, lo oscuro, la tentación y la salvación. A mí personalmente me funcionó más como símbolo que como personaje con el que establecer una identificación. Quiero decir que apenas pude traspasar el halo de enigma que la envolvía, pero fue precisamente ese carácter cuasi-inaccesible lo que la hizo tan poderosa. Es más, cuando el autor se lanza ya hacia el final de la novela a introducir algún fragmento relatado desde el punto de vista de Eli, sentí un amago de decepción. Ya he dicho que como mito me funciona mejor.

Hackan es el perfecto monstruo de pesadilla, entre patético y abominable, la personificación del horror, despojado de todo lo que hacía humano, e impulsado por una obsesión dolorosa y ciega.

Lacke y Virginia son dos personajes secundarios en los que el autor se entretiene para trazarlos con mimo, esenciales para construir un escenario en el que se diluye la frontera entre el bien y el mal, para exponer las motivaciones que empujan a las personas a actuar de determinada manera, y el daño que pueden causar sus actos.

Esta historia está llena de seres humanos, que sienten, sufren, hacen daño, aman e intentan sobrevivir como pueden. Y a los que resulta muy difícil juzgar. Una perspectiva que haríamos bien en incorporar a nuestra praxis con nuestros congéneres.


  • El ambiente que recrea...
Voy a sobreentender que esa tendencia a reflejar con minuciosidad el desarrollo de todas las acciones, desde la más emocionante hasta la más cotidiana, es una característica común de los autores nórdicos, aunque no he construido todavía una muestra suficiente para poder hacer semejante observación. En cualquier caso, en esta novela existe, y se recrea el ambiente con tanta precisión que quedé completamente absorbida.

Si a esto se le añade una envoltura de misterio y lírica frágil y oscura, el paseo que se da el lector se convierte en una experiencia muy hermosa, delicada e intensa.


Asumiré, para poner algo de peso en el otro plato de la balanza, que también detecté ciertos detalles que me chirriaron un poco, en particular concernientes al "secreto" de Eli, como algunas revelaciones excesivamente dramáticas y previsibles, y algún recurso un tanto empalagoso.

Pero, en fin, nada que haya empañado mi deleite al devorar este libro, a dentelladas, triturando papel, haciendo saltar chorros de negra tinta, alimentándome de su esencia...... Srulp...... delicioso.

La Gilmore Durmiente

Me encanta cómo Jess le hace ver a Rory el rumbo tan equivocado que está tomando su vida. Me encanta que sea Jess quien finalmente lo consiga. Y me encanta la forma en la que Rory toma conciencia de la realidad que está viviendo, como una revelación súbita, como si le arrancaran la venda de los ojos y por fin consiguiera ver con claridad, y con un punto de incrédula sorpresa, el lugar tan absurdo al que se ha dejado arrastrar.

Jess es probablemente el personaje más equiparable a Rory, más incluso que Lorelei, algo así como ese alma gemela que se supone nos han diseñado a todos. Pero en el momento en que despierta a Rory de su trance, es simplemente un chico que había pasado por su vida y del que ella había desprendido prácticamente todas las amarras. Menos la amarra madre, la irrompible, la huella.

Porque existe esa huella Jess es el único que consigue despertarla.

Me encanta esta manifestación del mito de la Bella Durmiente.