Pues eso, que he creado una nueva página para, con todo mi descaro, ir colgando trabajos, tareítas y demás que he ido haciendo y que voy a airear. Porque sí, porque me da la gana.
- Donde viven los monstruos, de Maurice Sendak
Max se ha puesto su traje de lobo y se está portando mal; tanto, que su madre se enfada con él, le llama “monstruo” y le manda a su cuarto sin cenar. Allí las paredes desaparecen, el tiempo y el espacio se transforman, y Max emprende un viaje hacia el lugar donde viven los monstruos…
El texto y las ilustraciones de Maurice Sendak se integran magistralmente para hacer partícipe al lector de un viaje de ida y vuelta a la imaginación de Max, que experimenta un conflicto emocional: rabia, enfado, miedo. El país de los monstruos es, pues, su fantasía para conseguir canalizar esos sentimientos. El elemento fantástico se introduce de manera natural y directa por parte del texto, que con un estilo sencillo y en ocasiones poético no resalta distinción alguna entre la realidad y la imaginación del niño. Sin embargo, el cuidado diseño de la obra sí marca esta entrada progresiva en el mundo interior de Max: las ilustraciones van aumentando de tamaño y colorido hasta que desaparece el texto, y varias ilustraciones a doble página, ricas en detalles, lo abarcan todo. Es la “juerga monstruo”, el momento culminante de la fantasía de Max. Después, el niño decide volver a “donde alguien le quisiera más que a nadie”, y el proceso se invierte. En la última ilustración, Max ya se ha retirado la capucha del disfraz de lobo y su cuarto vuelve a ser su cuarto. El texto que la acompaña nos aclara que “su cena le estaba esperando”, pero aún hay una sorpresa final, pues al dar la vuelta a la página, encontramos una frase solitaria: “y todavía estaba caliente”.
Además de introducir la idea del valor catártico de la fantasía, el cuento muestra un protagonista “salvaje”, que se enfada y grita cosas desagradables a su madre. Y a pesar de ello, su cena le espera, todavía caliente. A pesar de ser un monstruo, hay alguien que le quiere, que le perdona, que le espera a que recupere la serenidad y el equilibro. Un mensaje muy tranquilizador para los niños (para todos). Pero pocas veces divulgado.
- Paulina, de Ana María Matute
Paulina echa la vista atrás para relatarnos la historia de su llegada a la casa de sus abuelos cuando tenía diez años (con la idea de recuperarse de una enfermedad) y de todo lo que allí vivió. Al más puro estilo Heidi, la niña deja un ambiente urbano para experimentar las delicias de lo rural, y pasa de la tutela de una tía seca y estricta al cariño de los abuelos y a la amistad de la gente que conocerá en su nuevo hogar, en especial de Nin, un niño ciego. Paulina contagiará además a los adultos su bondad y simpatía, logrando así transformar su entorno.
Narrado en primera persona por el personaje que da título al libro, Ana María Matute emplea un discurso espontáneo, ingenuo, muy cercano al lenguaje del niño tanto en léxico como en los recursos expresivos, si bien evoca igualmente sentimientos y sensaciones con resonancias casi poéticas. La obra es una tierna defensa de la inocencia infantil y de su poder transformador en los adultos, así como un alegato en favor de la búsqueda de la felicidad a través de las pequeñas cosas, sencillas y puras.













